

En La colección reescrita no se libra ni el mismísimo Guernica, la monumental tela se ha colgado en una sala casi en exclusividad, la cual es desembocadura de otras estancias dedicadas a la formación, bocetos y de más documentos de la gran creación bélica picassiana.
En toda esta reestructuración es imposible y menos para un lagunero, que se nos pueda pasar la ubicación e importancia que han tomado las obras de Óscar Domínguez. El artista tinerfeño siempre estuvo representado en el MNCARS con su famosa Cueva de guanches, un paisaje cósmico y algún que otro objeto surrealista, colocados en una pequeña sala tras las mediáticas pinturas de Dalí y otros surrealistas, pero en esta reescritura del museo, las obras del creador nacido en La Laguna se encuentran colgadas en una gran sala en la que comparte paño con las piezas más importantes de René Magritte y Salvador Dalí, tanto es así, que en los fondos de la sala, dominantes y auténticos captadores de la atención del visitante, se encuentran sin compañía y con total protagonismo, por un lado El gran masturbador de Dalí, y en el otro La máquina de coser electrosexual de Domínguez, llegada al museo hace escasos días, a lo que añadimos, en las paredes laterales, joyas del surrealismo de los artistas ya mencionados.

El conocido como Reina Sofía ha puesto sobre la mesa sus cartas, sus intereses, sus aspiraciones, hace fuerte su base, que la tiene, con la reorientación de la colección, dando fuerza a lo expuesto y cargándolo de mayor sentido, buscando ser núcleo del arte contemporáneo nacional y referente imprescindible en el ámbito internacional, y por supuesto, el museo Reina Sofía es ahora más que nunca una apuesta por el arte contemporáneo, por el arte de nuestro tiempo.


