martes, 27 de abril de 2010

Crónica más o menos divertida de la exposición en Bratislava. Por Santiago Palenzuela

Señoras y señores (por encabezarlo con algo):

Acabo de regresar de Bratislava, de la exposición itinerante de artistas canarios donde no están todos los que son, siguiendo la estela de Oscar Domínguez, que aparte de irse de putas por aquellos lares, pintó allí mucho y bien. Después de sobrevivir perfectamente a todos los entresijos de este mosqueante viaje entre nubes volcánicas y presagios negativos, haciéndome el sordomudo eslovaco e intentando evitar así cualquier palique con mi mierda de inglés, me tocó sortear al negrales del hotel Arcadia que ejercía de botones, pues se puso en plan segurata por el mismo y posiblemente paupérrimo sueldo y desde que vislumbró mi entrada en tan “distinguido” lugar corrió literalmente hacia mí barba de tres días y mi pelo de loco impidiéndome el paso en un acto de discriminación negativa que con toda probabilidad había sufrido en sus propias carnes y en multitud de ocasiones el muy cabrón. Después de esquivarlo con una finta de mal rugby y un “¿que pasa colega?”, a este embajador de toda la servidumbre africana casi se le cae su ridículo sombrero Johnny Walker al verme sentado a la mesa con tantos distinguidos y lustrosos personajes, en el papeo oficial del reino. Cuando Pepe, el embajador de España, me dio las gracias ante todos los representantes de vete tu a saber qué, por ser el único artista entre vivos y muertos que al final asistió, me zampé más a gusto que un arbusto un mantecoso solomillo que estaba más bueno que la mujer del embajador de Grecia, de buen ver, sentada a mi siniestra, la cual se divertía con mis chorradas entre mastique y mastique. Así se lo hizo notar María (que así se llamaba la griega y hablaba perfectamente castellano) a los presentes, ante la nerviosa pregunta de Marcela Tosal, de Spainart, de cómo se lo había pasado al estar sentada a mi lado, el último de los canarios que algunos habrían querido que asistiese como representante de todos los artistas de la muestra, probablemente por el temor tal vez infundado o no de dejarlos mal en cualquier momento. El embajador de Grecia, figura principal en aquel ágape y marido de María, un tipo chaparro y buena persona que decía sentirse más pintor que embajador y que me habló de anarquía y de sus manifestaciones en Barcelona en contra del régimen de Franco, con su buen humor y pasando de todos y ante el estupor de algunos bien pensantes, me arrastró después de comer a su embajada para que ratificase su sentir al ver sus floreros, que adornaban todas las paredes de las oficinas. A las 5 de la tarde la inauguración. Piezas reconocidas de nuestro más ilustre suicida y otra cojonuda, grande y desconocida ( por lo menos para mí) y rubricada por Domínguez no sólo con su firma, sino con el nombre de la ciudad y el año, protagonizan el comienzo físico de la muestra. La inauguración fue la más pastelosa de cuantas he asistido jamás. Palique oficial en los dos idiomas y embajadores a punta pala y coches oficiales y chóferes a tutiplén a la puerta de un lugar peatonal y restringido en el corazón del casco antiguo de la ciudad, que se puede ver en dos patadas porque es más pequeño que el casco lagunero, en unas salas del segundo piso en el municipal Palacio Mirbach o como se diga, lugar de mucho prestigio según me contó una lugareña, la encargada de los seguros, que había estado por Canarias y sabía algo de español y quería practicarlo y no paraba el pico y que por cierto me endilgó, después de sufrirla, el viceconsejero Alberto Delgado. El evento se llenó de encorbatados y de hermosas y altas puretillas de infinitos y pornográficos tacones, que con gusto se hacían fotos sacando pecho con sus maridos o sus chulos ante un fenomenal y gigantesco cuadro sobre la visión del paraíso, de Pedro González. La exposición muy bien montada y el lugar amplio y luminoso de luz natural permite una buena contemplación de todas las obras, pero imperó un vistazo rapidito y todos a hartarse de pata negra y rioja, como en todos los lugares del mundo llenos de ambigüedades y despropósitos.

Santiago Palenzuela

2 comentarios:

  1. Bestial Santi, ¡lo que nos hemos reído recordando aquellos momentos! Marcela Tosal

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  2. Gracias por llevarme a Bratislava con tus comentarios, por cierto, a ver si me presenta a la mujer del embajador,
    Alejandro

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